El uso de la inteligencia artificial (IA) en el gobierno se refiere a la implementación de la IA en los asuntos gubernamentales y a las normas y reglamentos que esos funcionarios establecen para legislar cómo la utilizan las empresas privadas y los particulares.
Al igual que otras tecnologías avanzadas, la IA y la automatización no sólo tienen el potencial de mejorar la vida de los ciudadanos de todo el mundo, sino que también introducen riesgos significativos.
El uso del gobierno de la IA es un tema controvertido, dado el poder que tiene y cómo podría usarse indebidamente para dar beneficio a algunos y penalizar a otros. Sin embargo, los gobiernos invierten mucho en explorar tecnologías de IA tanto por oportunidad como por riesgo. Existe la oportunidad de utilizar la IA para mejorar la vida de sus ciudadanos y hacer crecer la economía. El riesgo inherente de la IA es que otros países podrían utilizarla para ser más expertos en la guerra y el crecimiento económico. En ciertos escenarios de suma cero, los gobiernos que se destacan en IA podrían poner a otros países en desventaja.
Desde el gobierno federal hasta los gobiernos locales, todos los funcionarios electos sienten curiosidad por saber cómo la IA puede ayudarlos a hacer mejor su trabajo. Muchos líderes gubernamentales creen que adoptar y dominar la IA proporcionará una ventaja competitiva frente a otras naciones y las protegerá de posibles conflictos.
Los organismos de gobierno tienen acceso a varios conjuntos de datos estructurados y no estructurados que la adopción de la IA puede ayudar a proporcionar más insights. Comprender esos datos puede ayudar a los gobiernos a prestar servicios más eficientes a sus ciudadanos.
Todos los gobiernos pueden adoptar una IA confiable, que proporciona orientación sobre el despliegue y el uso seguros de los sistemas de IA.